El turismo sostenible es una pieza más del conglomerado de acciones destinadas hacia la consecución de mayores niveles de sostenibilidad en el planeta. El turismo, como cualquier otra actividad humana no es inocuo y genera impactos de diversa índole. Dejando los potenciales impactos positivos que acompañan el despliegue de esta actividad productiva y social, en determinadas condiciones el turismo también puede ser vector de efectos negativos a nivel ecológico, social y económico. El uso y consumo de espacios que conlleva el turismo, el contacto con la población residente al tratarse de una actividad que debe consumirse in situ, la relación con las economías receptoras derivada de la prestación de servicios son elementos que pueden provocar tensiones y efectos no deseados. La discusión sobre si el turismo es bueno o malo deja de tener sentido en la actualidad, y cabría preguntarse cuáles son las prácticas turísticas que repercuten mejor o peor sobre las tres dimensiones apuntadas. Las condiciones de partida de la sociedad y la comunidad local, las diferentes modalidades de turismo y la relación que mantienen con el entorno territorial y humano, el enfoque de las políticas turísticas (o la falta de ellas), y la capacidad de regulación del sector público, son factores que pueden provocar que una misma práctica turística genere impactos positivos en un lugar y negativos en otro.
La introducción del concepto de sostenibilidad al turismo ha sido paulatina. Durante la última mitad del siglo XX la percepción del turismo ha evolucionado desde una visión de industria sin chimeneas, limpia y respetuosa con el medio ambiente (años 50), a otra donde se le considera el principal agente depredador del territorio (años 70), pasando por la postura de oposición al turismo de masas y la aparición de los llamados turismos alternativos (años 80) hasta la consideración de la importancia de la gestión sostenible de los destinos (años 90). Sin llegar a ser universal, muchos destinos incorporan la sostenibilidad (de forma más o menos retórica según el caso) como estrategia de competitividad. A nivel micro, la consideración de que los turistas deben ser responsables de sus propios actos se extiende y empieza a hablarse del turista responsable (más adelante ampliaremos este tema) . Los objetivos rectores del turismo sostenible (TS) pueden sintetizarse en dos:
1) El DS representa un gran reto para la humanidad y requiere un cambio de paradigma científico que se aplique en todos los ámbitos del conocimiento y campos de actuación. La actividad turística no debe ser una excepción.
2) El tránsito de un turismo viejo a otro nuevo basado en la sostenibilidad implica un nuevo estilo, más integrador y que busque el equilibrio entre las tres dimensiones básicas de la sostenibilidad. Por lo tanto, y como veremos a continuación, el TS debe reconocer los vínculos entre la dimensión ecológica social y económica de esta actividad.
Para conseguir estos objetivos la planificación del TS debe plantearse y actuar sobre unos principios fundamentales sobre cada una de las tres dimensiones (UNEP-WTO, 2005).
Debido a la vocación territorial de los espacios turísticos es imprescindible considerar esta actividad como un elemento integrado en el sistema natural. Una vez reconocido este punto, el desarrollo turístico debe tener en cuenta tres principios básicos de los sistemas naturales: 1) La eficiencia productiva. Como toda actividad económica el turismo no se entiende sin el consumo de recursos ni la movilización de energía extraídos del sistema natural. Las particularidades del turismo lo hacen propenso al consumo de energía (especialmente la derivada de la movilidad entre lugares de origen y destino), agua y suelo (para ubicar las infraestructuras necesarias para desarrollar la oferta). La reducción del consumo de recursos es fundamental, por lo tanto, para reducir el impacto sobre el sistema natural; 2) El reconocimiento del valor social de los sistemas naturales. Los ciclos naturales que permiten la vida en la Tierra (hídrico, descomposición de la materia orgánica, fotosíntesis, etc.) son el resultado de un proceso creativo de millones de años de duración. Si aceptamos que estos elementos que permiten la subsistencia tienen un valor social, tenemos que ser consecuentes y no ubicar los usos turísticos según criterios exclusivamente basados en la rentabilidad económica de la localización, sino valorar de antemano qué requiere ser conservado socialmente y posteriormente seleccionar los lugares para uso turístico entre el resto de lugares socialmente menos valiosos; y 3) Garantizar la estabilidad del sistema. Desde el punto de vista del sistema natural un uso turístico sostenible del territorio será aquel que permita obtener un buen nivel de recuperación de los impactos externos provocados en dicho sistema.
Si se pretende que los efectos económicos del turismo vayan asociados a un desarrollo endógeno y que contribuyan a la reducción de las diferencias entre naciones y ciudadanos ricos y pobres es necesario establecer mecanismos para una redistribución de los beneficios generados hacia las clases desfavorecidas, e impedir el filtro de divisas a escala internacional desde los lugares receptores a los emisores. Debe ser tarea de la administración pública procurar reequilibrar los costes del desarrollo y mantenimiento del turismo entre todos los agentes implicados y evitar que todo el peso recaiga sobre los gobiernos. Finalmente es necesario proteger las empresas locales (especialmente las medianas y pequeñas) ante las multinacionales que se muevan solamente por razones económicas y estrategias de localización de la oferta.
Los impactos socioculturales del turismo recibidos por las sociedades receptoras y los mismos turistas pueden llegar a desvirtuar la propia experiencia o a generar tensiones importantes en la comunidad local. La relación establecida entre turistas y locales es muy variable según cual sea el destino y el contexto cultural de partida de unos y otros (por ejemplo, cuando más cercanas entre sí sean las culturas y las actitudes sociales de ambos, menos problemas existirán, y viceversa). Es preciso tener en cuenta algunos factores para entender mejor las relaciones entre residentes y visitantes en el marco de la actividad turística. Por ejemplo, que se trata de una relación transitoria donde los vínculos tienden a ser superficiales, que los turistas se dedican a disfrutar de experiencias nuevas en breves períodos de tiempo por lo que son muy sensibles a las prestaciones de servicios que les afectan, que los turistas pueden estar espacialmente segregados del resto de habitantes y desarrollar actividades al margen de las locales, que las relaciones entre turistas y residentes acostumbran a estar organizadas y planificadas y, por tanto, no son espontáneas, que frecuentemente predominan las relaciones desiguales, ya sean derivadas de las condiciones de vida materiales o por relaciones de poder (los turistas pueden tender a ver a los residentes como sus sirvientes), o que la actividad turística se desarrolla en circunstancias especiales de elevada estacionalidad y concentración espacial. La sostenibilidad sociocultural del turismo se ve especialmente afectada ante la presencia de fenómenos como la aparición de efectos demostrativos que transforman la identidad o el sistema de valores de la población local, el choque cultural resultante de la puesta en contacto entre gente con procedencia cultural y social diferente, o el perjuicio ético ante la aparición de la criminalidad, las malas condiciones laborales, la explotación infantil, el turismo sexual, etc. Como elementos clave para el logro de un funcionamiento sostenible a nivel social y cultural el turismo debe contribuir al acercamiento intercultural, dar un traro justo a todos los agentes implicados e igualdad de oportunidades a todos los trabajadores, gestionar la actividad desde la comunidad local, generar relaciones de igual a igual entre clientes y proveedores y dar oportunidades de hacer vacaciones a todo el mundo que lo desee.
La introducción de medidas de sostenibilidad en el ámbito del turismo no tendrían utilidad alguna si no se orientasen a aplicar prácticas de mejora del funcionamiento real de las empresas y los destinos. En este apartado realizaremos, por lo tanto, una síntesis de aspectos de sostenibilidad aplicadas a ambos ámbitos. Probablemente debido a su finalidad lucrativa las empresas han tardado más en reaccionar ante la sostenibilidad que el sector público y los destinos, pero también existen iniciativas interesantes y buenas prácticas que permiten hacer de la sostenibilidad un elemento de singularidad o innovación para la mejora de su competitividad ante el resto de empresas del sector. Si bien muchas empresas relacionan el turismo sostenible con la oportunidad de negocio, todavía no han dado un paso adelante hacia la repercusión en la colectividad de los beneficios que reporta su actividad. De hecho las empresas inciden sobre su entorno ya sea de forma positiva o negativa y por ello es fundamental que tomen conciencia de este aspecto. Existen dos posturas a tomar al respecto: las empresas reactivas que intervienen una vez han detectado que han llevado a cabo actuaciones que les perjudican, para evitar una mala imagen o un boicot por parte de los clientes; y las empresas proactivas, que planifican e integran sus actuaciones en favor de determinadas transformaciones sociales de forma ética y responsable como política de la empresa. Es interesante destacar aquí la difusión del concepto de responsabilidad social aplicado a la empresa (RSE) como vía para acercar a las empresas a un comportamiento socialmente más sostenible. La RSE implica que las empresas entiendan que su cometido no termina sólo en la obtención de beneficios para la organización, sino también en su capacidad para implicarse en la transformación beneficiosa del entorno sobre el que influyen (consumo de recursos, puestos de trabajo, relaciones con proveedores y administración local, etc.). La RSE sólo tiene sentido cuando es aplicada con carácter voluntario e integrado, es decir que no responde a coerciones de ningún tipo ni que se traten de acciones aisladas o de “lavado de cara” empresarial. Por otro lado las empresas pueden asumir la RSE en una triple propuesta que incluye diferentes responsabilidades de diverso grado de sostenibilidad en lo que algunos autores han dado a llamar la pirámide de los niveles de responsabilidad social corporativa (Benito, 2007) (véase la figura sig.).
Figura 7. Niveles de responsabilidad Social Corporativa.

Fuente: Benito (2007).
En el primer escalón encontramos la responsabilidad legal y económica, con carácter necesario y exigible. Es decir una empresa tienen la obligación de obtener beneficios pero debe hacerlo de forma lícita. En un segundo nivel se encuentra la responsabilidad ética esperable. Si bien una actividad puede ser legal no tiene por qué ser ética, por lo que debería esperarse que la obtención de beneficios sea a partir de actividades justas. Finalmente el nivel superior, no exigible pero sí deseable, lo conformaría el altruismo y pleno compromiso con la sociedad. Las empresas tienen que valorar por sí mismas si además de ser justas quieren también contribuir a la transformación y mejora social. Este aspecto no puede ser exigido (como no puede exigirse a una persona que sea voluntario de una ONG) ni penalizado en caso de incumplimiento, pero sí deberían poder ser premiadas las empresas que entran en este tipo de compromiso.
Por su parte los destinos tienen en la planificación y gestión sostenible del turismo su principal baza para contribuir a la sostenibilidad general. Como principios generales las estrategias y políticas para la consecución de un turismo más sostenible aconsejables para los destinos pueden clasificarse en tres grupos según el momento en que se encuentre el proyecto (Anton & González, 2005; UNEP-WTO, 2005):
1. Fase previa. En los momentos previos a la introducción de una política de turismo sostenible es preciso asegurarse que se adopta un punto de vista holísitico donde el turismo es contemplado como uno más de los elementos del sistema, que se procurará la máxima cooperación entre los diferentes actores implicados, que se seguirá una planificación a largo plazo, que se destinará la atención a los impactos globales y locales, a la promoción del consumo sostenible y a la equiparación de sostenibilidad con calidad.
2. Fase de desarrollo. Durante el despliegue del proyecto, resulta crucial respetar el principio de “quien contamina paga”, atribuyendo los costes finales a sus responsables; atender al principio de precaución que permite minimizar el riesgo ante las dudas, tener en cuenta el ciclo de vida de un servicio o equipamiento y sus posibles impactos en fases avanzadas; considerar alternativas que generen menos impactos; así como respetar los límites del desarrollo turístico.
3. Fase de seguimiento. Una vez finalizado el proyecto es necesario emprender acciones de seguimiento para asegurarse del buen funcionamiento del proceso. Fundamentalmente hay que adaptarse a las condiciones de cambio introduciendo elementos de gestión del riesgo en la planificación, y medir los resultados mediante el uso de indicadores de manera que se controlen y puedan ajustarse las políticas a los impactos detectados.
Como acabamos de ver, uno de los principios más importantes del turismo sostenible es la equidad entre sus actores. En los últimos años, se han empezado a levantar voces solicitando nuevas formas éticas de turismo que contengan medidas concretas e identificables en los mercados. El turismo responsable, solidario o justo serían formatos que intentan poner en práctica dicho objetivo. Sin espacio ni intención aquí de distinguir las características entre estas modalidades, en ocasiones muy sutiles, nos centramos en exponer sus aspectos comunes. En términos generales el turismo responsable requiere aportar iniciativas que cambien las reglas de juego, que eviten las fugas económicas hacia los espacios emisores y que no dejen a los pequeños productores locales al margen del negocio. La idea es simple: se trata de organizar un intercambio mutuamente beneficioso de ocio y que repercuta en un desarrollo autogestionado por la comunidad local; es decir, de disfrutar de unas vacaciones espléndidas optando por aquellos destinos y rutas que implican a las comunidades locales (Intermon-Oxfam, 2004). Los principios básicos que mueven estas modalidades turísticas deben organizarse en torno a acciones vinculadas a políticas activas que permitan cubrir los siguientes objetivos:
El turismo responsable es inexplicable si no implica la creación de una oferta sostenible o una autogestión comunitaria en los destinos. Sin embargo también requiere una demanda éticamente motivada y que entienda la práctica turística como una ayuda mutua más que una prestación unilateral de servicios. A pesar que es discutible que exista un perfil puro y único de turista responsable y que a veces es difícil diferenciarlo del voluntario o del cooperante (Anton & González, 2007) sí existen unas preferencias en su motivación que permiten distinguirlo de otros tipos de turistas. La ONG ACSUD-Las Segovias destaca diversos puntos acerca de lo que motiva o desmotiva al turista de perfil responsable (véase la tabla sig.).
Tabla 1. Perfil del turista responsable.
¿Qué busca el turista responsable?
¿Qué no busca el turista responsable?
La visión y actitud de la demanda es fundamental para el desarrollo de las modalidades de turismo sostenible y responsable y a pesar de que su influencia sobre los mercados es todavía reducida sin duda se incrementará en el futuro (Hosteltur, 2006). Catálogos de mayoristas de viajes que renuncian a determinados destinos en función de su nivel de calidad ambiental (TUI, ADAC), o la existencia de portales y foros que facilitan la selección de destinos en base a criterios éticos permiten pensar en que el turista crítico será una tendencia de mayor calado en el futuro. No obstante entendemos que la demanda está todavía en fase de transformación y adaptación al cambio de paradigma, en una especie de aprendizaje y maduración hacia el turista responsable. Quizás esto ayudaría a entender la profusión de manuales, guías y documentos sobre cómo ser un turista responsable y qué lugares visitar. El mercado tampoco está muy informado de qué supone y qué condiciones conlleva la responsabilidad del turista. En este sentido la ONG Rainforest Alliance propone cinco pasos para planificar el viaje (Echaniz, 2007): 1) búsqueda en webs especializados en turismo responsable; 2) consultar guías que incluyan políticas medioambientales, sociales y políticas; 3) contactar con touroperadores que tengan información de primera mano; 4) preguntar sobre las políticas medioambientales y sociales antes de reservar; y 5) Elegir sabiamente. Igualment la misma organización intenta desmitificar algunos clichés sobre el turismo responsable como que no siempre el comfort y el lujo del alojamiento van reñidos con esta práctica, que no siempre es caro ya que existen diferentes gamas de precios, que tiene una geografía mucho más amplia que los trópicos (por todo el planeta se encuentran lugares de turismo responsable), y que no es sólo para mochileros sino para turistas de todo tipo y condición.
Anton, S. & González, F. (coord.) (2007) A propósito del turismo. La construcción social del espacio turístico. Barcelona, Editorial UOC
Anton, S. & González, F. (coord.) (2005) Planificación territorial del turismo. . Barcelona, Editorial UOC
Benito, A. (2007) “Del turismo sostenible al turismo socialmente responsable” En AAVV Desafíos y compromisos del turismo: hacia una visión más humana. Bilbao, Universidad de Deusto, pp. 333-347.
Echaniz, A. (2007) “¿Se puede ser un turista responsable?” En AAVV Desafíos y compromisos del turismo: hacia una visión más humana. Bilbao, Universidad de Deusto, pp. 249-265
Hosteltur (2006) Turismo responsable. Una apuesta con futuro. Hosteltur nº 154.
Intermón-Oxfam (2004) Otros mundos. Viajes alternativos y solidarios. Barcelona, Intermón-Oxfam.
Oliva, A. (2008) La sostenibilitat. Barcelona, Editorial UOC. Colección Vull saber nº73.
Rogers, P. et al. (2008) An Introduction to sustainable development. Londres, Earthscan.
UNEP-WTO (2005) Making Tourism more Sustainable. A Guide for Policy Makers. París, UNEP & WTO.
http://www.turismoresponsable.net/pdf/El_turismo_responsable.pdf
http://www.lasgrutas.com/decalogo.htm
http://www.turismo-responsable.org/
http://www.tourismconcern.org.uk/
http://greeningtourism.ning.com/
http://www15.gencat.net/cads/AppPHP/images/stories/publicacions/turisme_sostenible.pdf